lunes, 15 de noviembre de 2010

Derechos de autor

Buenos días... bueno, rectifico... Lunes, 15 de noviembre de 2010. San Alberto.

Un día como hoy pero de hace 15 años, la UNESCO declara el 23 de abril «Día Mundial del Libro y de los Derechos de Autor».

La Ley de Propiedad Intelectual (LPI), aprobada en el 1996, es la que se encarga de regular los derechos de autor.

Una parte de estos derechos, el derecho moral, es irrenunciable, mientras que otra, el derechos de explotación incluye cuatro grandes facultades: derecho de reproducción, de distribución, de comunicación y de transformación, pueden ser ejercidos por otra entidad. Todas estas limitaciones deben estar recogidas en un contrato de edición pactado entre el editor y el autor.

Y de buena parte de todo ello nos encargamos los técnicos de contenidos, como yo, en Ideaspropias Editorial. Cuando decidimos desarrollar una obra nos ponemos en contacto con expertos en la temática para que desarrollen de forma original los contenidos que le encargamos. Para ello tenemos en cuenta una serie de requisitos como la remuneración, los plazos de entrega, la tirada que vamos a producir o la calidad del texto. Todas estas premisas son pactadas con el autor y plasmadas en un contrato de edición en el que editor (nosotros) y el autor se comprometen a hacer lo que hemos pactado.

Bufff, vaya rollo, ¿¿no?? Pues sí, como todo lo legislativo, es un tema muy complicado y muy delicado y sobre todo cuando de propiedades se trata, pero al ser un material intangible y relacionado con la creatividad, más difícil todavía.

Muchos problemas pueden surgir por el hecho de encargar una obra que posteriormente vamos a editar. Los que son más frecuentes para nosotros como ya os conté la semana pasada tienen que ver con la originalidad de la obra (plagio), pero también con la calidad de los contenidos. Al ser una editorial que se dedica a la formación nos encontramos con que, además, los autores no saben explicar con la suficiente claridad lo que le pedimos o no saben adaptar esos contenidos a los destinatarios, ya sea por exceso de nivel o por defecto. Como os podréis imaginar no es lo mismo explicarle a un ingeniero los procesos de elaboración del vino que a una persona que no tiene ningún tipo de cualificación. Es por ello que nos encargamos de dotar al contenido de todos los recursos necesarios para que el lector disponga de una herramienta que le permita aprender y lograr el objetivo que se persigue con el manual: que el lector aprenda... Claaaaaaaro, pensaréis que es un objetivo ambicioso, pero para eso estamos aquí.

Todo el equipo de producción integrado por técnicos de contenidos, pedagogos, correctores, artefinalistas, ilustradores y maquetistas y bajo la batuta de un responsable nos encargamos de hacer lo indecible para lograr que los contenidos que revisamos sean válidos desde este punto de vista, es decir, para la formación.

Espero que no haya sido muy cansina con este tema tan peliagudo... Hasta pronto.

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