martes, 29 de noviembre de 2011

Palabras olvidadas

Martes, 29 de noviembre de 2011. Como el cementerio de los libros olvidados ideado por Carlos Ruiz Zafón en sus novelas, las estanterías de la lengua están repletas de palabras en desuso y prácticamente olvidadas. Son esas palabras que al escucharlas nos sorprenden, sea por el tiempo que hace que no las oímos pronunciar o porque ni siquiera las conocemos. A medida que nuevas palabras aparecen y se utilizan con normalidad en la vida cotidiana, otras se diluyen casi sin que nos demos cuenta hasta desaparecer. Hoy vamos a recordar alguna de estas palabras y a pediros que nos aportéis las que más echáis de menos, aquellas que os han despertado curiosidad o que incluso hayáis tenido que localizar en el diccionario porque desconocíais su significado al escucharlas.

Son palabras como asurar, azafate, baladro, esturrear, falleba, hanzo, pergeñar, quincalla, quinqué, zangolotear... Unas todavía resuenan en nuestra memoria y otras nos evocan casi otro idioma aunque todas forman parte de la riqueza de la lengua española.



Si tenéis curiosidad por las palabras en desuso, os recomiendo visitar la página http://www.reservadepalabras.org/ un espacio virtual dedicado a la lengua que intenta mantener vivas las palabras en desuso y que es resultado de la iniciativa "Apadrina una palabra en peligro de extinción", que está estrechamente vinculada al mundo del libro.

Feliz recta final del mes de noviembre.




2 comentarios:

Anónimo dijo...

A veces la cosa va a más, es decir, más allá del simple desuso y llega a la desaparición de muchas palabras, frases o conceptos. La lenmgua es un er vivo, pero hay que saber cuidarlo, que nos e ponga enfermo, y cuidar todo el amplio abanico de posibilidades que nos ofrece para comunicarnos... es una pena que perdamos aunque sólo sea una palabra... y en los tiempos que corren, la gente no tiene mucho vocabulario, habría que hacer algo... ¿opiniones?

Miss I.P.E. dijo...

Totalmente de acuerdo contigo. Es necesario mantener vivas las palabras porque nunca se sabe cuando vamos a volver a necesitarlas.